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Una reflexión sobre el liderazgo de la mujer cristiana

Mi columna en la revista Empresa de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE).

 

“Esther y Mardoqueo, un modelo para nuestros días”

La influencia femenina en los asuntos públicos no es algo nuevo. Desde tiempos muy remotos las mujeres han participado activamente en temas sociales y, entre los ejemplos más destacados, se encuentra el de la reina Esther.

Para los que no recuerdan la historia, Esther era joven judía que, huérfana de padre y madre, es criada por su tío Mardoqueo. Era una muchacha bella y llena de gracia y por eso, el rey Asuero la corona reina.

Un día, estando en el palacio real, Esther se entera de que su tío Mardoqueo estaba de luto. Envía mensajeros a preguntarle el motivo de su aflicción y Mardoqueo le cuenta que Amán, un alto funcionario real, había ideado un plan para destruir al pueblo judío y contaba con el aval del rey para ejecutarlo.

Mardoqueo instruye a la reina Esther para que se presente delante del rey Asuero e interceda en favor de los judíos.

Asuero no sólo la oye sino que revierte su propia orden, manda a Amán a la horca y reivindica a los judíos nombrando a Mardoqueo como el segundo hombre con más autoridad del reino.

La sabiduría, determinación y valentía de Esther hicieron justicia a sus compatriotas y permitieron la continuidad del linaje santo del cual 483 años más tarde, nacería Jesús.

Desde entonces, las mujeres han aumentado su participación en distintos ámbitos públicos y privados. Han recibido 44 premios Nobel lo que da cuenta de la magnitud de sus contribuciones y descubrimientos. Ocupan el 22% de los puestos parlamentarios, el 17% de los ministerios y el 6% de las jefaturas de estado. Y en los negocios, son consideradas el nuevo motor de la economía mundial con más de 224 millones de emprendimientos liderados por mujeres (Global Entrepreneurship Monitor).

Pero como demuestra el caso de Esther, el liderazgo, el poder y la influencia adquieren una dimensión superlativa cuando la persona llega a esa posición con una visión correcta de sí misma: siendo una persona de fe, viviendo de acuerdo a las verdades bíblicas y sabiéndose parte del plan de Dios.

Con este espíritu nace ACDE Mujer, un espacio de relacionamiento y reflexión sobre el doble desafío que enfrentamos los cristianos, el de trabajar “como para el Señor y no para los hombres” y a la vez, el de “resplandecer como luminares en el mundo” ideando juntos la forma de que los valores de la vida cristiana permeen en las realidades sociales, políticas y económicas en las que estamos insertos (Colosenses 3:23 y Filipenses 2:15 respectivamente).

Para cumplir con esto, desde ACDE Mujer lanzamos el ciclo de desayunos “Mujer, empresa y valores”, un espacio de encuentro en el que ejecutivas y emprendedoras compartirán en primera persona, los desafíos y aprendizajes de su vida personal y profesional.

Al abordar la reflexión desde una perspectiva cristiana, en ACDE Mujer buscamos rescatar y poner en valor la identidad femenina contrarrestando modelos negativos o tendencias empresarias contrarias a los valores que profesamos como por ejemplo, la iniciativa de Facebook y Apple de ofrecer a sus empleadas la posibilidad de financiar el tratamiento de congelación de óvulos a cambio de que posterguen su maternidad.

Para agregar valor social, ACDE Mujer y la Universidad Católica Argentina realizaran un estudio para conocer el perfil del management femenino local. La investigación será dirigida por Alicia Caballero, Decana de la Facultad de Ciencias Económicas y contará con encuestas, grupos focales y entrevistas en profundidad en la que participaran tanto hombres como mujeres.

De esta forma, podremos compartir con la sociedad en su conjunto, información relevante para enriquecer el debate y mejorar la comprensión del tema de género porque como afirma una investigación recientemente publicada por CIO, “del estereotipo de mujer imperante en una sociedad dependerán las políticas o herramientas para facilitar y potenciar su desarrollo profesional”.

Volviendo a Esther, el mérito no fue sólo suyo. Mardoqueo jugó un papel vital. La orientó, confió en ella y cuando fue necesario, la hizo reflexionar y hasta reaccionar cuando le dijo: “¿Quién sabe si no has llegado a ser reina para ayudarnos en una ocasión como ésta?” (Esther 4:14).

Por eso, el acceso de la mujer a puestos de liderazgo no es un tema sólo de mujeres. Necesita de hombres valientes que como Mardoqueo, confíen en nuestras capacidades y se comprometan a generar contextos inclusivos que nos permitan crecer y dar lo mejor de nosotros mismas.

 

 

 

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