Comunicación

Corrupción, un riesgo latente

Pareciera que el riesgo de desarrollar prácticas corruptas está latente en cualquier organización. No importa si es pública o privada, si pertenece a un país desarrollado o no. El escándalo de la FIFA, el de la gigante petrolera estatal Petrobras y el del grupo industrial francés Alstom así lo demuestran.

Sin embargo, las empresas suelen focalizarse en la detección de riesgos operativos y no en este tipo de riesgos que conocemos como “no técnicos”.

Aquí les presento algunas características del riesgo de corrupción:

  • El riesgo de corrupción es muy difícil de detectar y por lo tanto, de prevenir. La corrupción se gesta en lo íntimo y crece a la luz de complicidades e intereses secretos. De hecho, muchos casos se descubren años después de haberse cometido.
  • Hay industrias o negocios más propensos que otros al riesgo de corrupción y soborno. Especialmente los que tienen cadenas de valor largas y complejas o aquellos sectores con grandes beneficios económicos y en los cuales la continuidad del negocio depende de pocas personas.
  • Existen contextos que propician actos corruptos. En otras palabras: hay países y culturas donde el pago de sobornos parecería estar legitimado debido al bajo costo político, social y legal que tienen las prácticas corruptas.
  • La corrupción  funciona como un amplificador de riesgos ambientales, sociales y gubernamentales que añade implicaciones negativas a la materialidad y que aumenta la posibilidad de ocurrencia de otros riesgos.
  • Por último, los hechos de corrupción, tienen altísimo impacto sobre las personas, la reputación de la empresa y la sostenibilidad del negocio. Generalmente involucran a altos ejecutivos, exigen el pago de multas millonarias y adquieren dimensión internacional que, en muchos casos, ha hecho tambalear no sólo a la propia empresa sino también el poder político.

¿Cómo gestionar el riesgo de corrupción?

Toda acción tendiente a controlar el riesgo de corrupción debe basarse en una férrea decisión política tomada en el más alto nivel de la compañía o institución. La alta gerencia debe estar comprometida con el desarrollo de conductas ejemplares y éticas.

Además, deben implementarse programas y mecanismos que permitan detectar e investigar incidentes de corrupción. Y en caso de que corresponda, notificar a las autoridades locales o la justicia.

Esto fue lo que hicieron Morgan Stanley y Ralph Lauren en 2012 y 2013 respectivamente, cuando investigaron incidentes de soborno dentro de sus empresas e informaron voluntariamente sus conclusiones al gobierno. Este compromiso les permitió no sólo gestionar el riesgo sino también fortalecer la reputación de la marca. ¡Bien por ellos!

 

– Si querés profundizar en el tema, te recomiendo leer:The Reputation Risk Handbook: Surviving and Thriving in the Age of Hyper-TransparencyDr Andrea Bonime-Blanc

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