Sustentabilidad

Las empresas y el síndrome del hombre araña

En SpiderMan I, Peter Parker cansado del rol de héroe, se pregunta si no sería mejor volver a vivir como una persona normal. Entonces, su tío Ben, le responde: “Peter, un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Muchas veces, a las empresas les pasa algo parecido.

Les cuesta entender que, con más conocimiento y recursos que un ciudadano común, tienen mayor responsabilidad en la construcción del bien común.

Dirigir una empresa tiene mucho de heroico: generar ganancias para los accionistas, lidiar con la competencia, negociar con el sindicato, cuidar a la gente y al ambiente, crecer. En este contexto, suena lógica la tentación de volverse un ciudadano común: hacer bien lo que lo que hay que hacer ¡y listo!

Entonces, vuelven a cobrar fuerza las palabras del tío Ben: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Y sin duda, las empresas tienen mayor poder que los individuos. Porque cada una de ellas, en mayor o menor medida, administra recursos humanos, técnicos y económicos que la posicionan como un actor social relevante. ¿Qué se espera de ellas? ¿Cuál es el rol que les toca en el desarrollo de un país?

La primera expectativa es que sea eficiente en la creación de trabajo y riqueza. Esta es la razón de ser de todo grupo humano que se organiza alrededor de una empresa y de su éxito en lograrlo, depende su continuidad. Pero este objetivo, no debe alcanzarse de cualquier modo. Debe buscarse en equilibrio con un fuerte sentido de la responsabilidad sobre los impactos económicos, sociales y ambientales que se derivan de la actividad.

Pero conformarnos sólo con esto es tener una visión incompleta de la responsabilidad empresaria. Actuar responsablemente es ir más allá. Es estar atentos a las necesidades del entorno y contribuir a su resolución.

¿Por qué? Porque los dirigentes de empresas así como los gobernantes, sean conscientes o no, marcan el rumbo. Son ellos quienes con sus acciones y decisiones impactan positiva o negativamente sobre sus empleados, colegas y sobre la sociedad en su conjunto. Son ellos quienes más pueden contribuir al bien común: una intersección poco transitada en la que el beneficio individual se alcanza en equilibrio con el beneficio colectivo.

Blake Mycoskie, fundador de los calzados TOMS, entendió esto con claridad y desarrolló el concepto de negocio con propósito social. Un modelo que impacta sobre toda la cadena de valor combinando:
– un estricto control para evitar el tráfico humano y esclavitud tan común en esa industria,
– un fuerte compromiso con el cuidado ambiental incluyendo materiales naturales y reciclados
– la práctica de One for One por la cual dona un par de zapatos nuevo por uno vendido y hasta el momento, ha entregado 2 millones.

Esta tarea no es sencilla ni cómoda. Por eso, Peter Parker pensó en renunciar a ser el hombre araña. Sin embargo, no pudo hacerlo: los poderes que albergaba y su sentido de responsabilidad se lo impidieron. ¡Qué bueno fue esto para los vecinos de Nueva York! Y qué bueno lo es para nosotros quienes, a través de su historia, podemos encontrar enseñanzas para la nuestra.

– Spiderman I y el consejo de Tío Ben
– Sobre el caso TOMS

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